Sube a un yate vintage en Golfo Aranci para un paseo en grupo pequeño con locales, viendo delfines y nadando entre Figarolo y Capo Figari. Disfruta aperitivos sardos y vino Vermentino mientras los delfines juegan cerca. Un plan relajado, soleado y lleno de momentos que te quedan para siempre.
El paseo dura aproximadamente 3 horas.
Sí, incluyen embutidos y quesos sardos, pan carasau, vino, cerveza, refrescos, café o té.
Sí, bebés y niños pequeños pueden participar; se permiten cochecitos y los bebés van en el regazo de un adulto.
Hay máscaras y boquillas a bordo para nadar o hacer snorkel en las paradas.
El grupo se limita a 12 personas por salida.
No se menciona recogida en hoteles; hay opciones de transporte público cerca.
Sí, el yate cuenta con baño.
La ruta incluye navegación entre Cala Moresca e isla de Figarolo, cerca de Capo Figari.
Tu día incluye un paseo de 3 horas en yate vintage desde Golfo Aranci con paradas para ver delfines entre isla Figarolo y Capo Figari, además de nadar o hacer snorkel con equipo incluido. A bordo disfrutarás embutidos y quesos sardos, pan carasau, vino Vermentino DOC o refrescos, además de café o té, WiFi y baño antes de volver al puerto.
Subes a este yate antiguo de los años 60 en Golfo Aranci y se siente ese olor a madera vieja, salado y cálido. Solo somos doce, así que no hay agobios, más bien un grupo de desconocidos que podrían hacerse amigos o al menos compartir protector solar. El capitán (creo que se llamaba Marco) nos sonrió mientras desataba las cuerdas y le decía algo en sardo al chico en tierra. Intenté repetirlo después, pero seguro que lo arruiné. El mar tenía ese turquesa irreal que solo ves en postales y no crees hasta que estás ahí.
Navegamos entre la isla de Figarolo y Capo Figari, buscando delfines. Alguien vio una aleta primero—yo me lo perdí porque me distraje con cómo la luz rebotaba en las olas. Pero de repente aparecieron, tres o cuatro delfines que zigzagueaban entre la estela del barco. Todos nos quedamos en silencio un momento, salvo un niño que no paraba de reír cada vez que uno asomaba. Nuestro guía nos contó que estos delfines están casi todos los días por aquí—se notaba que estaba orgulloso, como si los conociera de verdad.
Luego anclamos cerca de Cala Moresca para nadar. El agua estaba más fría de lo que esperaba al meterme—me despertó de la mejor manera. Sal en los labios, sol en los hombros, y alguien me pasó pan carasau con queso antes de que me secara bien. El vino Vermentino sardo sabe distinto en el mar—quizá por la brisa o porque tenía más hambre de lo que pensaba. En un momento Marco sirvió unos chupitos de licor de mirto; a algunos no les gustó, pero a mí sí (pica un poco). Había espacio para tumbarse o simplemente mirar el horizonte en silencio.
Me quedo con ese instante en que todo se quedó en calma, solo se oía el agua golpeando el casco y alguien tarareando cerca de la proa. ¿Sabes cuando te das cuenta de que estás justo donde quieres estar? Eso sentí yo, aunque el olor a sal me duró días en el pelo.

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