Aprenderás a hacer pasta fresca a mano, brindarás con prosecco junto a tu anfitriona Cesarina y prepararás un tiramisú clásico en una cocina luminosa de Florencia. Manos con harina, risas y nuevos amigos alrededor de la mesa, además de trucos que querrás repetir en casa. No es solo comida, es formar parte de una historia por una tarde.
La experiencia completa dura unas 3 horas; también hay una opción exprés de 2 horas para hacer raviolis.
Sí, la clase se lleva a cabo en una casa local cuidadosamente seleccionada con una anfitriona Cesarina.
Aprenderás a hacer dos tipos de pasta fresca desde cero y el tiramisú clásico.
Sí, incluyen agua, vino, café y un aperitivo italiano.
Podrás degustar los platos de pasta y el tiramisú que preparaste junto con el grupo.
Las clases en grupo pequeño tienen un máximo de 12 personas por sesión.
Sí, hay opciones de transporte público cerca del punto de encuentro.
Las Cesarine son cocineras italianas expertas que abren sus casas para ofrecer experiencias culinarias auténticas.
Tu día incluye clases prácticas para preparar dos tipos de pasta fresca y tiramisú en una casa local de Florencia con tu anfitriona Cesarina. Disfruta un aperitivo italiano con prosecco y aperitivos, además de vino, café y agua durante toda la experiencia. Para terminar, compartirás la comida que preparaste en la mesa antes de salir a explorar Florencia.
“¡Tendrás que usar todo el brazo, así!” decía Francesca sonriendo mientras presionaba mi mano contra la masa. Nunca había intentado hacer ‘sfoglia’ antes, pero de alguna manera su cocina en Florencia hacía que todo pareciera menos complicado. El aroma a harina mezclado con un toque cítrico —creo que de su jabón— flotaba mientras nos turnábamos para amasar. Éramos solo siete, justo el número perfecto para compartir historias (y reírnos cuando los tagliatelle de alguien parecían más cordones de zapato).
Nuestra anfitriona Cesarina no paraba de darnos consejos: cómo cerrar bien los raviolis para que no se abran, por qué es mejor dejar que los huevos se atemperen antes de preparar el tiramisú. Nos sirvió prosecco (acompañado de unas galletitas saladas que no supe pronunciar), y la verdad, ese primer sorbo supo a gloria después de batallar con la masa. La palabra clave aquí es “clase de cocina en Florencia”, pero no se sentía como cualquier clase; era más como estar en casa de una amiga donde todos pueden equivocarse sin problema.
Jamás olvidaré el silencio cuando espolvoreamos el cacao sobre el tiramisú—todos atentos a ese último paso como si fuera magia. Luego volvió el bullicio, los tenedores chocando, el vino circulando. Comimos lo que habíamos preparado en la gran mesa de Francesca, con las ventanas abiertas a la calle (el perro de alguien ladraba cada diez minutos). No esperaba sentirme tan en casa tan lejos de mi cocina. Si buscas una experiencia auténtica en Florencia, aunque sea por unas horas o un día, esta es la indicada.

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