Recorrerás Capri en barco privado con un guía local, explorando cuevas escondidas y calas azules antes de subir a la tranquila Anacapri para vivir el ambiente del pueblo y aire de montaña. Luego pasearás por el vibrante centro de Capri y terminarás en los Jardines de Augusto con vistas inolvidables a los Faraglioni, recuerdos que te acompañarán mucho tiempo.
El paseo en barco por Capri dura aproximadamente una hora.
Sí, el tour incluye transporte local en minibús entre los puntos de interés.
Sí, la excursión incluye paradas en Anacapri y en el centro de Capri.
Sí, la entrada a los Jardines de Augusto está incluida en el tour.
El tour es accesible para sillas de ruedas y apto para todos los niveles; los bebés pueden ir en cochecito o silla de paseo.
Sí, los bebés son bienvenidos pero deben ir en el regazo de un adulto si es necesario.
Los tours se ofrecen en inglés, español e italiano.
Tu día incluye un paseo privado en barco por Capri con un guía local experto, traslados en minibús entre los puntos de la isla, visitas a Anacapri y al centro de Capri, entrada a los Jardines de Augusto para disfrutar las icónicas vistas de los Faraglioni, y guía en inglés, español o italiano según prefieras.
“¿Has visto alguna vez un agua tan azul?” Eso nos dijo nuestro guía, Paolo, justo cuando zarpábamos del puerto en Capri. La verdad, yo no. El barco era más pequeño de lo que imaginaba: solo nosotros y otra pareja, con el sol calentando ya los asientos de madera. Se olía un poco a sal y diesel, y Paolo no paraba de señalar pequeñas cuevas en los acantilados, cada una con su historia. Entramos en una donde la luz volvió todo turquesa por un instante. Allí dentro se oían fuerte las olas rebotando en las rocas, y me dio risa porque casi se me vuela el sombrero un par de veces.
Tras más o menos una hora en el agua (miré el móvil porque perdí la noción del tiempo), subimos a un minibús que serpenteó hasta Anacapri. Allí arriba todo es más tranquilo: menos gente, solo viejos jugando a las cartas fuera de un bar y ropa tendida sobre calles estrechas. Nuestro guía nos habló del Monte Solaro, pero yo me rajé con el telesilla (para la próxima). En vez de eso, paseamos por callejuelas con aroma a café y piel de limón, parando a probar un dulce tan dulce que me dolieron los dientes, pero para bien.
Luego está el centro de Capri, que honestamente parecía otro mundo comparado con Anacapri. La Piazzetta estaba llena de vida, gente con gafas de sol y perritos diminutos por todas partes. Seguimos al guía por callejones serpenteantes, pasando por boutiques que no podía permitirme (pero mirar no cuesta). Lo mejor fue sin duda los Jardines de Augusto. Desde allí tienes unas vistas salvajes de los Faraglioni, como postales vivas, y me quedé un rato en silencio solo disfrutando. A veces aún recuerdo esa vista cuando estoy atrapado en el tráfico en casa.

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