Comienza en el animado mercado de Sidemen, recorre arrozales verdes, cruza un puente de madera tambaleante y observa la vida diaria alrededor del monte Agung. Caminos embarrados, risas con tu guía, paradas en templos y un merecido descanso con comida en Ogang. Este trekking en Sidemen no es tanto por la distancia, sino por aprender a disfrutar cada detalle.
El recorrido dura entre 2 y 2,5 horas desde el inicio hasta el final.
Comienza en el Pasar Sidemen (mercado tradicional), cerca de la tienda marcada como "Upa Boga".
No incluye traslado; los viajeros deben organizar su transporte con el hotel o conductor.
Necesitarás gorra para el sol, botas o zapatos de senderismo, protector solar, gafas de sol y algo de agua (que te dará el guía).
No incluye comida, pero al terminar podrás comprar algo en el restaurante Warung Ume Anyar en Ogang.
Sí, el mercado abre de 5:00 a 10:00 de la mañana, ideal para explorar antes de la caminata.
Se recomienda tener un nivel medio de forma física; hay subidas, bajadas y caminos embarrados entre arrozales.
Termina en el restaurante Warung Ume Anyar en el pueblo de Ogang, un buen lugar para relajarse.
Tu día incluye agua embotellada que te dará el guía en el Pasar Sidemen antes de salir por los arrozales y pueblos; tras unas dos horas caminando —y cruzar ese puente de madera inolvidable— llegarás al restaurante Warung Ume Anyar en Ogang, donde podrás descansar o comer antes de volver (recuerda organizar tu transporte con anticipación).
Lo primero que me llamó la atención no fue el paisaje, sino el sonido. Gallos cantando detrás de los puestos del mercado, una moto arrancando y el suave ruido de mujeres apilando fruta en el Pasar Sidemen. Nuestro guía, Ketut, nos hizo señas junto al cartel de “Upa Boga”. Me dio una botella de agua y sonrió: “Hoy caminamos despacio”. Pensé que bromeaba (no era así). Empezamos a abrirnos paso entre los aromas de la mañana: cigarrillos de clavo, frituras, y luego salimos al campo abierto donde empiezan los arrozales. El camino estaba embarrado en algunos tramos, blando bajo mis botas. A veces solo hay que confiar en tus pies.
Seguimos por estrechos canales de riego —Ketut los llamó “subak”— y traté de no resbalar en las piedras mientras veía a los agricultores agachados entre el verde. Aquí hay un ritmo tranquilo: alguien llama a un vecino al otro lado del campo, un niño persigue patos por el borde. En un momento cruzamos un puente de madera que parecía sacado de una película antigua, justo lo suficientemente ancho para una moto y dos turistas nerviosos. Mi amigo bromeó con caerse; Ketut se rió y dijo que a veces pasa (creo que estaba bromeando). El monte Agung asomaba entre las nubes, nunca se dejaba ver del todo, pero siempre estaba ahí si mirabas de reojo.
Pasamos por un templo pequeño donde dos mujeres dejaban ofrendas: cestas con flores y arroz. Ketut se detuvo para explicar por qué lo hacen cada día. Intenté repetir lo que dijo en balinés; seguro que lo hice mal porque él sonrió amablemente sin corregirme. El camino subía y bajaba entre más terrazas, mis piernas empezaban a notarlo pero no quería parar. En un momento me quedé quieto un segundo: el sol salió de repente y todo se volvió increíblemente brillante. Es curioso lo silencioso que se pone todo aquí cuando te alejas de la carretera principal.
El trekking terminó en el Warung Ume Anyar, en el pueblo de Ogang, un lugar sencillo con bebidas frías y mesas con vistas a más arrozales (como si te pudieras cansar de esa vista). Nos sentamos sudados y felices, con las botas llenas de barro, dejando que las piernas descansaran un rato antes de pensar cómo volveríamos al pueblo. Si estás pensando en hacer este trekking en Sidemen, lleva buen calzado y no tengas prisa: querrás tiempo para esos pequeños momentos que no caben en ningún itinerario.

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