Recorre campos provenzales entre Nîmes y Arles con guías locales que te muestran cómo se cultiva la lavanda y otras plantas aromáticas y cómo se transforman en aceites esenciales. Prueba a triturar hierbas, explora una destilería en funcionamiento, disfruta del bar olfativo y relájate con un snack bajo la sombra. Un día tranquilo y memorable que se queda contigo mucho después.
Sí, todas las zonas y superficies son accesibles para sillas de ruedas, incluyendo las opciones de transporte.
Sí, bebés y niños pequeños pueden participar; se aceptan cochecitos y sillas de paseo.
El Mas está ubicado entre Nîmes y Arles, en Provenza, cerca de la región de la Camarga.
Verás lavanda, verbena, inmortelle y varias otras plantas aromáticas cultivadas en el lugar.
Sí, hay aparcamiento gratuito para autobuses, coches y bicicletas.
Sí, se permiten animales de servicio en este tour.
La visita incluye paseos guiados por los campos, demostraciones de extracción de aceites junto al alambique de vapor, sesión en el bar de aromas, acceso a la tienda para probar productos, zona de snacks, baños y aparcamiento gratuito.
No se incluye almuerzo completo, pero hay snacks y bebidas disponibles para comprar en el lugar.
Tu día incluye paseos guiados por plantaciones aromáticas cerca de la Camarga con experiencias prácticas; demostraciones junto al alambique de vapor mostrando la extracción de aceites esenciales; acceso al bar de aromas para descubrir fragancias; tiempo en la tienda para probar aceites o perfumes; uso de mesas para snacks con bebidas a la venta; baños; y parking gratuito para bus, coche o bici—todo acompañado de productores locales encantados de compartir su saber antes de que regreses hacia Nîmes o Arles.
“Hay que aplastarla con cuidado, así,” dijo Jean-Claude mientras sostenía una ramita de lavanda en la palma de su mano. Sus dedos estaban manchados de un tono púrpura terroso. Intenté imitarlo, pero terminé con pedacitos por todas partes; él solo sonrió. El Mas ya estaba lleno de vida cuando llegamos, con el sol apenas alto y el aire oliendo fuerte, casi picante, por todas esas hierbas secándose en manojos cerca de la puerta. Hay algo en la forma en que se mueven aquí los locales: despacio pero sin pereza, como si siguieran un ritmo antiguo que no logro captar del todo.
Recorrimos filas de lavanda e inmortelle, brillando sobre la tierra polvorienta. Nuestro guía nos señalaba cada planta por su nombre (que olvidé casi al instante) y nos dejaba tocar las hojas: unas suaves como fieltro, otras pegajosas o con un aroma casi metálico. La palabra clave para esta excursión fue sin duda “destilería”—ahí fue cuando todo cobró vida. Ver el vapor enroscándose alrededor de los tubos de cobre mientras Jean-Claude explicaba cómo se extraen los aceites de las plantas tenía algo de magia. No esperaba fascinarme tanto con un alambique de metal, pero así fue.
Dentro, había un bar de aromas preparado—pequeñas botellas alineadas como soldados. Fuimos olfateando una a una; algunas me recordaban a la lluvia de verano, otras hacían cosquillas en la nariz. La tienda tenía jabones y aceites que podías probar (quizá me pasé un poco). También había un área para picar algo o simplemente sentarse bajo los árboles un rato—yo hice ambas cosas. En un momento, el perro de alguien se acercó y se tumbó a mis pies como si nos conociéramos de toda la vida.
Me fui pensando en todo el trabajo que hay detrás de cada botellita en esa estantería—y en lo diferente que huele la lavanda cuando estás justo en el campo, comparado con abrirla meses después en casa. No sé si alguna vez podré recuperar ese aroma exacto.
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