Recorrerás antiguas bodegas en Marseillan con un guía local, tocarás barricas de roble centenarias y probarás todos los estilos de vermut Noilly Prat—cada uno con su historia. Incluye audioguías si tu francés está un poco oxidado. Quizá te vayas pensando en sabores difíciles de describir.
Sí, todas las áreas y superficies son accesibles para sillas de ruedas.
El tour guiado dura aproximadamente 45 minutos.
Sí, durante el tour probarás toda la gama de vermuts Noilly Prat.
Sí, puedes usar su app o pedir auriculares con audioguías en varios idiomas.
Sí, los bebés y niños pequeños pueden participar en cochecito o carrito.
Sí, los animales de servicio están permitidos en esta visita.
Si no se llega al mínimo, te ofrecerán una alternativa o el reembolso completo.
Tu visita incluye la entrada a las históricas bodegas de Maison Noilly Prat en Marseillan, el uso de una audioguía (con auriculares si los necesitas) y una sesión de cata con toda su gama de vermuts franceses antes de regresar al pueblo.
Aún recuerdo cómo se sentía el aire dentro de Maison Noilly Prat: fresco y un poco punzante, con ese leve aroma herbal que al principio no lograba identificar. Apenas cruzamos las viejas puertas de madera en Marseillan, el maestro bodeguero nos dio la bienvenida. Tenía una forma de hablar, mitad seria, mitad en broma, y me entregó unos auriculares para la audioguía (mi francés... no es muy bueno). Íbamos en un grupo pequeño, en su mayoría locales, lo que me hizo sentir que había llegado a un lugar que realmente les importaba.
Recorrer esas bodegas fue muy distinto a lo que esperaba. Las barricas eran enormes—algunas parecían más viejas que mis abuelos—y nuestro guía las tocaba suavemente mientras nos explicaba el proceso de envejecimiento del vermut. En un momento nos dejó pasar la mano por la madera; era áspera, fría y olía a vino absorbido profundamente. Alguien preguntó si alguna vez se perdían allí abajo (creo que era en broma), pero él sonrió y dijo que con el tiempo aprendes a seguir el olfato.
Lo que más me sorprendió fue la cata al final. Había probado vermut antes, pero nunca así—cada copa tenía su propia historia, ese regusto raro que se quedaba en la lengua más tiempo del que imaginaba. El seco era más intenso de lo que esperaba, ¿casi salado? Y luego estaba esa versión más dulce que me recordó a cáscaras de naranja y algo floral. Nuestro guía nos contó cómo el aire marino de Marseillan cambia por completo el sabor—no lo entendí hasta que lo probé por mí mismo. La verdad, a veces sigo recordando ese último sorbo cuando en casa percibo aromas a hierbas.

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?