Sentirás el silencio del invierno mientras recorres campos nevados buscando alces y bisontes en este safari de fauna en Jackson Hole, con un guía local que te mostrará movimientos ocultos y compartirá historias. Incluye un paseo opcional en trineo tirado por caballos entre manadas de alces y almuerzo en un lugar que usan los locales. Prepárate para risas con bebidas calientes y momentos donde solo se escuchan cascos o alas sobre ti.
Podrás ver ciervos mula, alces, bisontes, carneros de cuernos grandes, coyotes, zorros, águilas calvas y doradas, cisnes y a veces lobos.
Sí, el tour incluye recogida y regreso a tu hotel o alojamiento.
El tour dura todo el día, con sesiones de avistamiento por la mañana y la tarde, además del almuerzo.
Los paseos en trineo por el National Elk Refuge se incluyen cuando las condiciones lo permiten.
Sí, el almuerzo en un restaurante local está incluido en la excursión.
La edad mínima para grupos es 8 años; en tours privados no hay límite de edad.
El grupo pequeño tiene un máximo de 8 personas por vehículo.
Sí, se ofrecen binoculares UHD y telescopios para mejorar la experiencia de avistamiento.
Tu día incluye recogida y regreso directo a tu alojamiento en Jackson Hole, transporte en vehículo para grupos pequeños con un guía naturalista profesional. Tendrás agua embotellada y snacks durante todo el día, además de binoculares UHD y telescopios para no perder detalle, incluso con las manos frías. También está incluido el almuerzo en un restaurante local y, si las condiciones lo permiten, un paseo opcional en trineo tirado por caballos directo a la mayor manada de alces salvajes de Norteamérica, antes de seguir con más avistamientos en el país del Grand Teton.
Lo primero que noté fue el silencio—bueno, no exactamente silencio, sino ese sonido amortiguado del invierno donde hasta el crujir de tus botas sobre la nieve se siente fuerte. Nuestro guía, Casey, nos hizo señas desde el borde del campo justo cuando un grupo de ciervos mula cruzaba con cuidado la escarcha. El aire olía a pino y a algo más frío—difícil de explicar si no has estado ahí antes del amanecer. Me costó manejar los binoculares (siempre me pasa), y Casey sonrió y señaló una silueta a lo lejos. “Ahí está un alce macho,” dijo como si fuera lo más normal. Pero para mí, fue todo un momento.
Pasamos la mayor parte de la mañana buscando movimiento—bisontes agrupados cerca del Grand Teton, un zorro que corría a lo largo de una cerca. La palabra clave aquí es safari de fauna en Jackson Hole, pero en realidad se sentía más como un secreto local que una actividad turística formal. En un momento paramos para tomar café de un termo (nunca sabe igual en casa) y compartimos historias de encuentros raros con animales. Alguien preguntó por lobos; Casey nos contó que andan por ahí si tienes paciencia o suerte. Yo seguía esperando ver astas asomarse tras los arbustos.
El almuerzo fue en un lugar pequeño que usan los locales—nada lujoso, pero después de horas afuera la comida caliente sabe a gloria. Más tarde, nos abrigamos de nuevo para el paseo en trineo por el National Elk Refuge. El aliento de los caballos se veía en el aire y podías oír el suave golpeteo de sus cascos bajo ese cielo inmenso. Estar rodeado de cientos de alces es algo surrealista; se mueven juntos pero te ignoran por completo. Un niño a mi lado intentó contarlos en voz alta pero se rindió en cincuenta y pico. Todavía recuerdo esa vista—alces por todos lados, montañas detrás que se desvanecían en gris.
No esperaba emocionarme tanto viendo águilas o aprendiendo a distinguir qué huellas pertenecían a qué animal (la diferencia entre las pisadas de coyote y lobo es más pequeña de lo que imaginas). Al final de la tarde tenía los dedos congelados y el móvil lleno de fotos borrosas, pero no quería irme aún. Hay algo en Jackson Hole en invierno que se te mete bajo la piel—o quizás es todo ese aire puro.
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