Viaja en un trolley con aire acondicionado por el Hill Country de Fredericksburg, probando vinos en tres bodegas locales con todo incluido. Disfruta un almuerzo sencillo y comparte risas con otros viajeros mientras la guía se encarga de todo. No es solo beber vino, es vivir esa calma bajo los robles y esa tarde lenta que recordarás siempre.
El tour incluye catas en tres bodegas diferentes.
Sí, el almuerzo forma parte del día de excursión.
El trolley sale desde el Centro de Visitantes en el centro de Fredericksburg.
Todos los costos de cata en cada bodega están incluidos en la reserva.
El trolley cuenta con aire acondicionado y calefacción para tu comodidad todo el año.
Sí, los huéspedes pueden comunicar sus restricciones al ser contactados antes del tour.
No, no se ofrece recogida en hoteles; el punto de encuentro es el Centro de Visitantes con estacionamiento gratuito.
Si hay menos de 8 personas, pueden usar un autobús de lujo en lugar del trolley.
Tu día incluye recogida en el Centro de Visitantes de Fredericksburg (con estacionamiento gratis), todas las catas en tres bodegas populares del Texas Hill Country, agua embotellada a bordo y un almuerzo fresco elegido por teléfono antes del tour, además del regreso fácil al pueblo tras la última copa.
Desperté con el sonido de la grava bajo las ruedas mientras subíamos al trolley antiguo frente al Centro de Visitantes de Fredericksburg. El conductor, Rick, con ese acento sureño que me sacó una sonrisa, nos entregó botellas de agua fría y ayudó a quien lo necesitaba con los escalones. En el aire se mezclaba el aroma a protector solar y algo floral, tal vez perfume o simplemente la primavera en Texas. No esperaba que el trolley estuviera tan fresco por dentro, aunque ya empezaba a hacer calor afuera.
La primera bodega, Hye Meadow, tenía largas mesas de madera bajo robles. Nuestra guía, María, parecía conocer a todos; nos hizo reír con las “porciones texanas” (que son generosas). El vino superó mis expectativas; probé un blanco con sabor a pera y sol. El almuerzo llegó rápido: sándwiches y ensaladas, sencillo pero fresco, y María se aseguró de preguntar por alergias a un par del grupo. Hubo un momento de silencio mientras probábamos un tinto blend; alguien susurró un “wow” y todos asentimos. Curioso cómo el vino logra eso.
En la tercera parada (Longhorn Cellars) ya había perdido la noción del tiempo. El sol brillaba sin ser agobiante y se escuchaba el murmullo de otras mesas entre las vides. El grupo empezó a compartir historias; un chico no paraba de bromear con comprar una caja entera para enviar a casa. De regreso al pueblo, la gente estaba más callada, agarrando bolsas con botellas o recuerdos. Me sorprendí mirando las colinas y pensando en lo fácil que es olvidar que sigues en Texas cuando estás aquí así.
Pago seguro en viator.com

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?