Recorre más de 55 km de senderos cerca de Fairbanks en un ATV side by side, guiado por locales de toda la vida. Prepárate para risas, botas embarradas, aromas de bosque, snacks en el camino y anécdotas para contar, aunque no recuerdes todos los nombres.
El tour sale dos veces al día: a las 9:00 am y a las 6:30 pm.
La experiencia completa dura unas 5 horas, incluyendo el transporte.
El tour incluye transporte desde Pioneer Park hasta el inicio del sendero.
Sí, durante el recorrido se incluyen snacks y agua embotellada.
No necesitas experiencia; los vehículos son automáticos y con dirección asistida.
No se recomienda para embarazadas ni para personas con problemas de columna o corazón.
Sí, los animales de servicio están permitidos en este tour.
Recibirás casco, gafas, guantes y todo el equipo necesario para conducir seguro.
Tu día incluye transporte desde Pioneer Park hasta el inicio del sendero y regreso, uso de un ATV Maverick Trail side by side con dirección asistida y transmisión automática, además de casco, gafas y guantes para tu seguridad—durante la aventura te darán snacks y agua para que no te falte energía ni hidratación mientras exploras los senderos salvajes de Alaska.
No pensé que me iba a reír tanto antes de las 10 de la mañana, pero ahí estábamos: yo y tres desconocidos que ya parecían amigos, saltando por un sendero helado de Fairbanks en un side by side. Nuestro guía, Dave (vive aquí desde antes de que yo naciera), nos repartió gafas y guantes en Pioneer Park y nos dijo que no nos preocupáramos por el barro. “Esto es Alaska”, sonrió. El aire olía a abeto y metal frío—una mezcla difícil de explicar hasta que la sientes de verdad en la cara.
La ruta fue mucho más que solo manejar. Nos metimos por bosques que cambiaban a cada rato—de repente todo es musgo verde y abedules, y luego subís y el suelo se vuelve rocoso y abierto. En una parada, Dave nos mostró un liquen raro en una roca (“a los caribúes les encanta”, dijo). Intenté decir el nombre en athabascano—no me salió ni cerca—y todos se rieron. Los motores vibraban bajo nosotros, pero a veces los apagábamos solo para escuchar: el viento entre los árboles, un cuervo gritando a lo lejos.
Los snacks saben mejor cuando los comes sentado en un tronco con las manos frías. Había agua embotellada también, aunque en ese momento hubiera matado por un café. Las Maverick Trail eran fáciles de manejar, incluso para mí (que no soy precisamente experta en todoterreno), gracias a la dirección asistida y todo automático. El tema de la seguridad estaba cubierto—los cascos ajustaban bien y Dave revisó las correas dos veces. Todavía pienso en esa última vista antes de volver; esa luz sobre las colinas se te queda grabada más de lo que imaginás.

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