Remarás por la costa rocosa de Tossa de Mar en kayak con un guía experto, haciendo paradas para snorkel en calas secretas y explorando cuevas marinas. Siente el sol mediterráneo, descubre la vida marina local y disfruta con tu grupo. Todo el equipo está incluido para que solo tengas que venir listo para la aventura.
El tour en kayak dura unas 2 horas recorriendo la costa de la Costa Brava.
Sí, todos los participantes reciben el equipo de snorkel incluido.
Sí, un guía local con experiencia acompaña al grupo durante todo el tour.
Sí, hay un bote de rescate disponible si alguien lo necesita durante la actividad.
La ruta se adapta a todas las edades y niveles físicos.
El tour comienza en un punto de encuentro acordado cerca de la playa de Tossa de Mar.
La actividad es accesible para sillas de ruedas y hay opciones de transporte cercanas.
Tu día incluye todo el equipo necesario para kayak y snorkel, además de la guía profesional durante toda la aventura por la costa de Tossa de Mar, con apoyo de seguridad como el bote de rescate siempre cerca si lo necesitas.
“¿Alguna vez has probado a remar hacia atrás?” nos sonrió nuestro guía Jordi mientras yo giraba el kayak en un círculo poco elegante. Acabábamos de salir de la playa principal de Tossa de Mar, con las murallas del castillo iluminadas por la luz de la mañana. El agua estaba como un espejo, pero una brisa salada hacía que mis brazos se activaran rápido. Olía a crema solar mezclada con algas; la verdad, parecía verano aunque apenas eran las 10 de la mañana. Jordi no paraba de contar curiosidades sobre las rocas que íbamos dejando atrás, y yo intentaba recordar la mitad.
Paramos tras unos veinte minutos en una cala que desde tierra ni se ve. Los acantilados tenían vetas naranjas y pequeñas flores blancas agarradas a las grietas. Jordi repartió los tubos y gafas de snorkel; las mías se empañaron al instante, lo que le hizo reír (dice que tengo “cara caliente”, no sé qué quiere decir). Bajo el agua todo era otro mundo: peces plateados que pasaban rozando mis rodillas, arena fría entre los dedos. En un momento perdí de vista a todos y me quedé flotando un rato, escuchando mi respiración resonar dentro de la máscara. Es curioso lo silencioso que se vuelve todo ahí abajo.
Luego seguimos remando por la costa de la Costa Brava; mis hombros empezaban a doler, pero Jordi prometió que había un bote de rescate por si alguien se cansaba (lo pensé un segundo). Nos metimos en una cueva marina donde todo se volvió azul verdoso y con ecos. De vuelta, alguien preguntó por sitios para comer y Jordi soltó una lista de sus favoritos; incluso se ofreció a apuntarlos si queríamos. Todavía me viene a la mente esa vista del castillo de Tossa desde el agua; parecía casi irreal con las barcas de pesca meciéndose alrededor.

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