Navega entre Asuán y Luxor en un crucero de 5 estrellas por el Nilo, madruga para ver las estatuas de Abu Simbel al amanecer y sobrevuela Luxor en globo. Visitarás templos como Philae, Kom Ombo y Edfu, y disfrutarás de noches con música local o bailes tradicionales. Este viaje no es sólo monumentos, sino todos esos momentos que quedan entre ellos.
El crucero dura 4 días y 3 noches, viajando de Asuán a Luxor.
Sí, incluye recogida en tu hotel de Asuán, o en el aeropuerto o estación de tren.
Sí, hay una excursión grupal temprano en la mañana para visitar Abu Simbel.
Todos los alimentos están incluidos a bordo: desayuno, almuerzo y cena.
Sí, el itinerario incluye un vuelo en globo sobre la orilla oeste de Luxor.
No se menciona explícitamente; revisa los detalles de la reserva para confirmarlo.
Te alojarás tres noches en un crucero de 5 estrellas por el Nilo con pensión completa.
Sí, hay opciones veganas y vegetarianas si las solicitas al reservar.
Si se cancela por mal tiempo, recibirás un reembolso de 20 USD por persona.
El tour es para todos los niveles físicos; los niños menores de 6 años no pueden subir al globo pero sí participar en otras actividades.
Tu viaje de cuatro días incluye recogida en tu hotel o punto de llegada en Asuán, todos los traslados en vehículo con aire acondicionado, tres noches en un crucero de 5 estrellas por el Nilo con pensión completa (desayuno, almuerzo y cena), visitas guiadas con un egiptólogo en cada parada, incluyendo el templo de Philae en motorboat y el templo de Edfu en carruajes tirados por caballos, agua embotellada en las excursiones, visita grupal a Abu Simbel al amanecer, paseo en globo al amanecer sobre Luxor (según clima), y entretenimiento nocturno como shows folclóricos o fiestas de galabeya antes de finalizar en Luxor.
Alguien sirve té en vasitos diminutos mientras navegamos junto a un grupo de palmeras—mi primer instante de calma real desde que llegué a Egipto. Apenas había pisado el barco en Asuán cuando nuestro guía, Mahmoud, nos llamó con una sonrisa y un “¡yalla!” rumbo a la Presa Alta. El aire olía a piedra cálida y agua del río. En el templo de Philae, llegamos a la isla en motorboat—esa sensación del agua golpeando la madera se queda contigo. Intenté decir “Isis” en árabe; Mahmoud sólo sonrió y me dejó intentarlo a mi manera.
Abu Simbel significó madrugar a las 4:30am (lo sé), pero ver esas estatuas colosales al amanecer hizo que el sueño desapareciera. Al principio el grupo estaba en silencio—quizá por respeto, quizá por cansancio—hasta que alguien rompió a reír porque la batería de su cámara murió justo en el peor momento. Más tarde, en la cubierta, vimos aparecer el templo de Kom Ombo desde la orilla del río, como si surgiera de la nada. Es increíble cómo estos lugares parecen esperar a que llegues. La fiesta de galabeya esa noche fue divertidísima—todavía tengo arena en los zapatos de tanto bailar.
El templo de Edfu llegó con el ruido de carruajes tirados por caballos atravesando el pueblo (agárrate fuerte), y de repente estábamos deslizándonos hacia Luxor. Las columnas de Karnak me hicieron sentir diminuto; el templo de Luxor brillaba dorado con la luz del atardecer mientras los niños jugaban al fútbol cerca. Pero, siendo sincero, lo que más recuerdo es flotar en globo sobre la orilla oeste al amanecer—el silencio allá arriba antes de que salga el sol, mirando campos y tumbas, y dándote cuenta de la historia que tienes bajo los pies. Al aterrizar, nuestro guía repartió cajas de desayuno; la naranja que me tocó sabía más dulce que ninguna que haya probado en casa.

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