Navega por las islas salvajes de Kornati en grupo pequeño, para a nadar en calas escondidas y disfruta pescado fresco en un restaurante isleño. Con un guía local que te lleva por islotes con muros de piedra y pueblos tranquilos, vivirás aventura y calma, con el sol en la cara.
El tour dura aproximadamente 9 horas desde la salida hasta el regreso.
El punto de partida es el muelle frente al D-Resort Mandalina, en Šibenik.
El tour incluye una parada para almorzar en uno de los mejores restaurantes del archipiélago.
Lleva bañador, toallas, gafas de sol, protector solar, gorra, chaqueta para el viento y ropa extra por si acaso.
Se incluye agua embotellada y bebidas durante todo el día.
La descripción menciona paradas para snorkel pero no especifica si el equipo está incluido; consulta con el operador antes de reservar.
El tour es apto para todos los niveles de condición física.
Los bebés son bienvenidos pero deben ir sentados en el regazo de un adulto durante el viaje.
Tu día incluye recogida en el muelle Mandalina de Šibenik, todas las entradas al parque Kornati, guía local de habla inglesa en cada parada, además de agua embotellada, bebidas a bordo y almuerzo en un restaurante isleño antes de regresar por la tarde.
“Ahí está Bavljanac — ¿ves esas líneas?” nos señaló nuestro patrón Luka mientras navegábamos junto a lo que parecía una huella dactilar gigante marcada en el mar. Entrecerré los ojos bajo el sol, con la sal aún secándose en mis brazos tras nuestra primera parada para nadar. Los muros de piedra que cruzaban la isla realmente parecían remolinos. Luka nos contó que los locales los construyeron a mano para mantener a las ovejas dentro (¿o fuera? ya no recuerdo — se rió de mi confusión). El barco se mecía suavemente y alguien pasó una botella de agua fría; se escuchaban gaviotas y de fondo esa música suave de la radio croata.
No esperaba que Kornati se sintiera tan desierta — solo roca, viento y ese azul intenso por todas partes. Paramos en una cala donde podías saltar directo desde el barco para hacer snorkel (vacilé un poco — el agua estaba más fría de lo que imaginaba). Los acantilados eran afilados y blancos contra el cielo, y al flotar boca arriba reinaba un silencio solo interrumpido por voces lejanas de otro grupo detrás de un promontorio. Almorzamos en un pequeño restaurante en una isla — mesas de madera rústica, pescado a la parrilla con sabor a humo y limón, vino local. No era nada lujoso pero, sinceramente, perfecto después de nadar toda la mañana. El grupo compartía historias mientras Luka nos explicaba que antes estas islas estaban llenas de pastores, y ahora solo quedan pescadores en verano.
En la isla de Prvić paseamos por callejuelas estrechas donde viejos jugaban a las cartas frente a cafés. Alguien pidió un helado (yo me quedé con un café — lo necesitaba después del vino). En la plaza hay una estatua de Faust Vrančić; Luka intentó contarnos sobre sus inventos pero un perro empezó a ladrar tan fuerte que todos terminamos riendo. Para entonces el sol había cambiado y todo se sentía lento y dorado. Regresamos hacia Šibenik con la cara apretada por el sol y la sal, cansados pero de esa manera buena que solo da un día largo al aire libre.

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?