Harás cinco paradas llenas de vida en lancha rápida desde Cartagena: nado en las aguas cristalinas de Islas del Rosario, relax en las playas blancas de Barú, historias locales mientras pasas por la mansión de Escobar y la fiesta flotante en Cholón con música y bebidas. Risas, almuerzo caribeño fresco y la auténtica energía de Colombia te esperan.
El tour incluye cinco paradas: vistas panorámicas de los fuertes de Bocachica, tiempo en la playa de Barú, nado y almuerzo en Islas del Rosario, vista de la mansión de Pablo Escobar y la isla fiesta de Cholón.
Sí, se incluye un almuerzo caribeño con opciones de pescado, pollo o platos vegetarianos.
Sí, las bebidas están incluidas durante todo el día, además de un shot de tequila de bienvenida en Cholón.
La música incluye hip-hop, rap, reggaetón y beats electrónicos durante todo el recorrido.
Un anfitrión de fiesta que habla inglés y un capitán certificado conducen la experiencia.
Sí, el transporte en lancha rápida ida y vuelta está incluido desde la marina de Cartagena.
Sí, durante el almuerzo hay opción vegetariana disponible.
No se recomienda para embarazadas ni personas con problemas de columna o cardiovasculares.
Tu día incluye traslados ida y vuelta en lancha rápida desde Cartagena con capitán certificado y anfitrión de habla inglesa que te guiarán por cinco paradas. Recibirás shots de tequila de bienvenida en Cholón junto con servicio VIP en la playa (el equipo lleva tus pedidos directo a ti), uso de camastros y tumbonas en tierra, además de un almuerzo completo caribeño —pescado, pollo o vegetariano— mientras disfrutas de música y relatos locales antes de regresar con estilo.
Lo admito, al principio pensé que eso del “barco fiesta” no era para mí. Pero al subir a la lancha rápida en Cartagena, con la música ya sonando y la gente riendo (algunos todavía peleándose con el bloqueador), sentí una mezcla rara de nervios y emoción. Nuestro guía, Andrés, repartió chalecos salvavidas con una sonrisa como si ya hubiera visto todo tipo de viajeros. Mientras pasábamos rápido frente a los fuertes de Bocachica, nos contó historias de piratas y batallas antiguas, mientras el viento me despeinaba sin piedad. No podía dejar de mirar el agua azul, imaginando el humo de cañones donde ahora solo había sol y sal.
La siguiente parada fueron las Islas del Rosario. La verdad, después de tanto baile en la cubierta no esperaba tener ganas de nadar, pero esas aguas cristalinas te atrapan sin remedio. El almuerzo superó mis expectativas (yo elegí pescado; alguien más fue por la opción vegetariana y dijo que estaba muy bien). En el aire se mezclaba el aroma del arroz con coco, el bloqueador y el ron de algún cóctel. Andrés nos contó anécdotas sobre la antigua mansión de Pablo Escobar mientras pasábamos cerca —hizo un chiste sobre Netflix que nos sacó carcajadas. Es raro ver algo tan famoso simplemente ahí, en la costa.
Terminamos en Cholón, un lugar donde los botes están amarrados entre sí y todos medio bailan en el agua hasta la cintura. El equipo VIP de la playa no paraba de traer bebidas (shots de tequila si querías), y desde algún lugar cercano sonaba reggaetón mezclado con hip-hop. En un momento intenté pedir algo en español —muy mal, por cierto— y uno de la tripulación se rió y me ayudó sin problema. Era como si nadie se fijara en cómo bailabas, hablabas o te veías; todos estaban ahí para pasarla bien, aunque no seas de los que suelen ir a fiestas. Aún recuerdo lo brillante que se veía todo —el sol reflejándose en el agua, la gente cantando canciones que apenas conocían— y lo fácil que fue soltarse por unas horas.

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