Viaja en un todoterreno por el campo de Cartagena, deslízate en tirolesa sobre las copas de los árboles hacia el mar y termina con un almuerzo en la playa. Con guía local y transporte ida y vuelta incluidos, prepárate para risas, aire marino y una dosis de emoción que no olvidarás.
La actividad no especifica duración exacta, pero incluye transporte, varias tirolesas y almuerzo; calcula al menos medio día.
Sí, el almuerzo forma parte de la experiencia.
Incluye agua embotellada durante toda la actividad.
El peso máximo permitido es 136 kg (300 lbs).
Sí, el transporte ida y vuelta desde Cartagena está incluido.
No, no se recomienda para mujeres embarazadas.
Un guía local acompaña cada paso de la aventura en tirolesa.
Tu día incluye recogida en Cartagena en vehículo con aire acondicionado, agua embotellada durante toda la aventura, todo el equipo para cada tirolesa entre colinas boscosas hasta la playa, y un almuerzo fresco y local antes de regresar juntos a la ciudad.
Ya estábamos brincando en ese curioso camión todoterreno cuando me di cuenta de lo lejos que habíamos dejado Cartagena atrás. Nuestro guía, Andrés, no paraba de señalar aves—conocía sus nombres en español e inglés, lo que me sorprendió más de lo que esperaba. El aire olía a sal, pero también a tierra mojada, como hojas húmedas después de la lluvia. Traté de ver el mar entre los árboles, pero solo alcanzaba a ver destellos de azul entre las ramas.
La primera torre de la tirolesa parecía más alta de lo que imaginaba. Tenía las manos sudorosas (culpa de la humedad), pero también nervios. Andrés me enganchó el arnés y sonrió—“¿Listo?” preguntó. Seguro me veía ridículo dudando al borde, pero al final simplemente me lancé. El viento en la cara, esa mezcla extraña de miedo y emoción en el estómago—de repente estás volando sobre un cañón con solo verde debajo y el mar allá lejos. No es silencioso como en las películas; el cable zumba y se escuchan gritos de la gente en la plataforma siguiente.
Cada recorrido fue más fácil—para cuando llegamos a la última línea que baja hacia la playa, hasta mis piernas dejaron de temblar. Hubo un momento en que todo se abrió: ves la costa extendiéndose y Cartagena a lo lejos, difusa. Alguien delante de mí gritó tan fuerte que nos hizo reír a todos (creo que fue Li, del grupo). Al aterrizar, terminamos todos con arena y sonrisas en unas mesas de picnic justo en la orilla. El almuerzo fue sencillo—pescado con arroz de coco—pero después de tanta adrenalina supo a gloria. Todavía recuerdo esa vista mientras comía.
Pago seguro en viator.com

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?