Recorre los cerros coloridos de Valparaíso con un guía local, prueba mariscos frescos junto al Pacífico en Viña del Mar, toma fotos junto al reloj de flores y conoce lobos marinos en la playa. Ve un Moai original de Rapa Nui de cerca antes de volver a Santiago — un día lleno de arte, sabor y sorpresas en la costa chilena.
El tour dura aproximadamente un día completo, incluyendo el tiempo de traslado entre Santiago y ambas ciudades costeras.
Sí, el almuerzo en el restaurante Castillo del Mar en Viña del Mar está incluido.
Visitarás La Sebastiana (la casa de Neruda), Cerro Alegre y Cerro Concepción en Valparaíso, la playa y reloj de flores en Viña del Mar, además del Museo Francisco Fonck.
Sí, el traslado ida y vuelta con recogida en Santiago está incluido.
Un guía local bilingüe te acompañará durante toda la excursión.
Sí, visitarás una zona de mercado de pescados donde a menudo se ven lobos marinos descansando cerca de la playa.
Se recomienda llevar calzado y ropa cómoda, gafas de sol, protector solar, snacks y agua.
Las caminatas incluyen calles empinadas y empedradas, lo que puede ser difícil para algunos viajeros.
Tu día incluye traslado ida y vuelta desde tu hotel en Santiago en vehículo con aire acondicionado, recorridos guiados a pie por los cerros históricos de Valparaíso y los atractivos costeros de Viña del Mar con un guía local bilingüe. También disfrutarás un almuerzo en el restaurante Castillo del Mar con vista al océano antes de regresar cómodamente a Santiago por la tarde.
Salir de Santiago fue más tranquilo de lo que esperaba — quizás todos aún dormían, o tal vez era ese silencio especial de la mañana antes de llegar a la costa. Nuestra guía, Camila, tenía una forma de contar las cosas que no sonaba a libro de texto. Nos habló de la casa de Pablo Neruda, La Sebastiana, que se asoma en uno de esos cerros imposibles de Valparaíso. No entramos, pero solo desde afuera la vista al puerto parecía sacada de un cuadro — barcos moviéndose despacio y todas esas casas apiladas en colores vibrantes. Se sentía un leve aroma a mar mezclado con café que venía de algún lugar cercano. Intenté sacar una foto, pero nunca logra captar lo que ves con tus propios ojos, ¿verdad?
Caminar por Cerro Alegre y Cerro Concepción es como meterse en el sueño de alguien más — murales por todos lados, fragmentos de poesía en las paredes, perros callejeros durmiendo en las entradas. Camila se detuvo a charlar con un señor mayor que vendía empanadas desde su ventana (compré una; todavía caliente y grasosa en la mano). Las calles son empinadas y empedradas, así que si eres torpe como yo, lleva buen calzado. En un momento nos quedamos en un mirador mirando la ciudad y nadie dijo nada por un rato. Me gustó ese silencio.
Viña del Mar se sentía totalmente diferente — calles anchas, palmeras, todo mucho más ordenado comparado con el caos de Valpo. Visitamos el famoso reloj de flores (¡y funciona de verdad!) y luego bajamos a la playa, donde unos lobos marinos descansaban como si fueran dueños del lugar. Almorzamos en Castillo del Mar, justo frente al mar; pedí reineta porque Camila me dijo que es lo que siempre pide su papá. El pescado sabía fresco y salado — o quizás solo eran mis dedos después de agarrar pan por un rato.
La última parada fue el Museo Francisco Fonck para ver un Moai original de Rapa Nui, justo ahí en Viña del Mar. Es raro y emocionante estar al lado de algo tan antiguo y misterioso en medio de un parque lleno de gente. El viaje de regreso a Santiago fue tranquilo, salvo por alguien que roncaba suavemente detrás mío (no diré nombres). No dejo de pensar en esos cerros pintados sobre Valparaíso — cómo se ven brillantes aunque el cielo esté gris.
Pago seguro en viator.com

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?