Recorrerás barrios vibrantes de Río, subirás por la selva de Tijuca para estar bajo el Cristo Redentor y luego tomarás dos teleféricos sobre el cerro Urca hasta el Pan de Azúcar, todo con un guía local que conoce cada atajo y historia. Prepárate para momentos de asombro y sorpresas en el camino.
El tour dura unas 5 horas, incluyendo transporte y paradas en los dos puntos principales.
Sí, incluye recogida ida y vuelta en hoteles principales de Copacabana, Ipanema, Leblon y Leme.
Sí, todas las entradas para el Cristo Redentor y el teleférico del Pan de Azúcar están incluidas en la reserva.
El guía profesional ofrece comentarios en vivo en inglés, español y portugués.
El tour es apto para todos los niveles físicos; los bebés deben ir en el regazo de un adulto.
Se sube en dos teleféricos: primero hasta el Morro da Urca y luego otro hasta la cima del Pan de Azúcar.
Tu día incluye recogida ida y vuelta en tu hotel en barrios céntricos como Copacabana o Ipanema, transporte guiado en van con aire acondicionado por la selva de Tijuca y hasta la cima del Corcovado, todas las entradas para el Cristo Redentor y ambos teleféricos del Pan de Azúcar, con un guía local que comparte historias en cada tramo.
“No puedes irte de Río sin visitar el Cristo Redentor”, nos dijo Rodrigo, nuestro guía, sonriendo mientras nos metíamos en la van frente a nuestro hotel en Copacabana. Pensé que todo sería muy rápido, pero fue un viaje que fue tomando ritmo poco a poco: ventanas abiertas, el aroma dulce y pegajoso de los vendedores ambulantes entrando por el aire. Pasamos por las playas de Ipanema y Copacabana (intenté encontrar a “la chica” de la canción, pero no hubo suerte), y de repente estábamos subiendo por la selva de Tijuca. La luz cambiaba tan rápido entre los árboles; un momento dorada, al siguiente llena de sombras verdes y cantos de pájaros. No esperaba sentir escalofríos antes siquiera de ver la estatua.
En la cima del Corcovado, todos guardamos silencio un instante. No solo por el Cristo Redentor —que sí, es enorme— sino porque se ve todo Río desplegado a nuestros pies. Rodrigo señaló las favelas escondidas en las laderas y nombró cada playa a lo largo de la costa. Había una brisa que sabía a sal y a polvo de ciudad. Algunos se tomaron selfies; yo me quedé ahí, con la boca abierta, más tiempo del que quería. ¿No te ha pasado que crees que vas a sentir algo y de repente te sorprende?
Después, nos fuimos rápido a Urca para subir al teleférico del Pan de Azúcar. La primera parte hasta Morro da Urca es corta —alguien del grupo se rió nervioso al despegar— y luego esperas el segundo teleférico con vistas a los barcos meciéndose abajo. La última subida es más empinada de lo que las fotos muestran. Arriba, los niños corrían persiguiendo palomas mientras los locales señalaban lugares de viejas películas (¿dicen que James Bond peleó aquí?). El sol empezaba a esconderse tras las nubes, todo se veía más suave, menos postal y más real. A veces, cuando escucho samba en casa, me acuerdo de esa vista.

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