Subí en 4x4 a Cerro Frías cerca de El Calafate y disfrutá de vistas salvajes que van desde Fitz Roy hasta Torres del Paine. Compartí historias con tu guía local, avistá fauna autóctona en la estepa y calentate con un asado tradicional en el quincho de un rancho antes de volver.
Sí, el transporte privado con recogida está incluido.
Según el horario, te servirán almuerzo, merienda o cena en el área de asado del rancho.
No, las bebidas no están incluidas en el precio del tour.
Cerro Frías queda cerca de El Calafate; el viaje en 4x4 es corto.
El tour es accesible para sillas de ruedas y los bebés pueden participar en cochecitos o carriolas.
Sí, los bebés son bienvenidos pero deben ir en el regazo de un adulto si no están en cochecito.
No requiere un nivel físico especial; es apta para la mayoría, salvo personas con lesiones de columna o ciertas condiciones de salud.
Tu día incluye transporte privado con recogida en El Calafate hasta Cerro Frías en vehículo 4x4. Según el horario, te servirán almuerzo, cena o merienda en el área de asado del rancho (bebidas no incluidas), antes de regresar cómodamente a la ciudad.
Lo primero que me llamó la atención no fue la vista, sino el viento. Soplabas ráfagas cortas mientras subíamos en el 4x4 por Cerro Frías, con ese aroma seco y a pasto que solo se siente en la Patagonia. Martín, nuestro guía, tenía la costumbre de detenerse en medio de la frase para señalar algo: un guanaco escapando o cómo apenas se distinguía el Fitz Roy entre la neblina. Intenté sacar una foto por la ventana, pero la verdad es que ninguna imagen le hacía justicia.
Al llegar a la cima nos quedamos un rato en silencio. Nadie decía nada, porque hay un silencio especial cuando mirás el Lago Argentino y te das cuenta de que Torres del Paine está justo al otro lado de la frontera. El aire era más frío de lo que parecía; se me entumecieron las manos al agarrar la baranda de metal. Martín me pasó un mate y se rió cuando casi me atraganto con el primer sorbo, mucho más fuerte que el que había probado en Buenos Aires. Así que si buscas esas aventuras clásicas tipo “excursión Machu Picchu desde Cusco” pero con algo más auténtico, esto es otra cosa.
El almuerzo fue en el quincho del rancho, una especie de parrilla techada que olía a leña y carne asándose incluso antes de entrar. Sonaba una radio vieja con cumbia rayada y afuera un niño corría detrás de un perro. El cordero estaba salado y tierno, con partes crocantes por el fuego (comí demasiado pan). Todo fue con calma; nadie nos apuró para volver al jeep. La verdad, a veces sigo pensando en esa vista desde arriba, sobre todo en días grises en casa.

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